Hoy ha nevado…
Podría empezar y terminar el
post de hoy con esta frase porque es suficiente para describir la emoción que
conlleva un día nevado en una ciudad donde los copos no se suelen prodigar con
frecuencia.
Pero me voy a extender un poco
más…
Hace ocho años y pico, casi
nueve, bueno, concretamente, en febrero de 2005 – de nuevo esta manía por las
fechas que me caracteriza - cayó una
nevada tremenda en Madrid. En esa época y por cuestiones laborales o, mejor
dicho, no laborales porque estaba desempleada, me dedicaba a estudiar Filología
Inglesa y estaba en plena época de exámenes… El día amaneció con la ciudad
cubierta por una espesa capa de nieve por lo que, dado lo extraordinario de la
situación, mi querida madre y yo decidimos tomarnos el día “libre” y salir a
pasear por el parque cercano a nuestra casa.
A pesar del tiempo que ha
pasado, aún recuerdo con total nitidez la sensación de libertad y de paz que
sentí durante ese paseo… La nieve, aparte de ofrecer un paisaje lleno de
belleza, otorgaba esa pureza y limpieza al ambiente que solo puede llevar el frío
y el color blanco, así como ese silencio relajante capaz de calmar hasta el
espíritu más atormentado…
Hoy, de nuevo, he vuelto a
recordar aquel precioso paseo…